La Federación Española de Ajedrez ha preparado un reportaje
de la cuarta jornada del Mundial de Jóvenes 2026, y merece la pena verlo
despacio. No por los resultados, que cambian cada tarde, sino por las caras.
Por esa concentración feroz que solo tienen los niños y los viejos, por el
apretón de manos al final, a veces con lágrimas que se intentan esconder y no
se esconden, por los padres que esperan fuera con una botella de agua y una
pregunta que no se atreven a hacer.
Porque en el fondo todos fuimos ese niño alguna vez. El que
movió la dama demasiado pronto. El que creyó haber ganado y no vio el mate en
dos. El que volvió al día siguiente, de todas formas, a sentarse otra vez
frente al tablero.
En una de las escenas aparece una cara conocida para el
ajedrez gallego. Nuestro director de la Escuela Técnica de Ajédrez Jacobo
Caselas. A su lado, Iago Fernández Ramos, que está luchando por ganar el torneo,
escucha con esa seriedad que tienen los chavales cuando saben que se están
jugando algo grande. Hay algo hermoso en esa imagen, algo que no sale en las
clasificaciones: un hombre que ha pasado media vida explicando para qué sirve
un caballo bien plantado o cómo despertar un alfil dormido, y un muchacho que
todavía está aprendiendo que el ajedrez, como casi todo lo importante, se
hereda. Pasa de unas manos a otras, en voz baja, mientras afuera el mar sigue a
lo suyo.
Aquí os dejo el vídeo. Miradlo con cariño. Ahí dentro se está jugando algo más que un campeonato:
https://www.youtube.com/watch?v=_daxSQcLiSE
