Hay victorias que llegan como llegan las cartas atrasadas, con retraso y el sobre arrugado de tanto esperar en el buzón; uno las abre despacio, sin creérselo del todo, porque sabe que la vida tiene la costumbre de prometer y luego hacerse la distraída. Pero esta vez no. Esta vez la placa dice lo que tiene que decir, en letras doradas sobre el mármol negro, sin adornos ni excusas: Campeón 2ª Div – 2026. Y ya está. Ya nadie nos lo quita.
Hace doce meses escribíamos aquí que la plata sabía a revancha, que el subcampeonato era una deuda y no un premio. Lo decíamos con la boca pequeña, como se dicen las cosas que uno desea demasiado. Y resulta que Miguel, Antonio, Julio, Ricardo y Dani, los cinco de la Escuela Técnica de Ajedrez, se lo tomaron en serio, igual que se toman en serio los chavales del barrio una apuesta hecha a la salida del colegio, con esa fe terca y un poco golfa de los que no saben perder sin devolver el golpe.
Miguel, que llegó con la calma de quien ha visto muchos finales y no se impresiona por ninguno. Antonio que es la destreza personificada. Julio, otra vez Julio, el que juega de oído, como los músicos de verbena que nunca estudiaron solfeo y sin embargo nunca desafinan. Ricardo, que sigue viendo la partida tres jugadas antes que el resto, mirando el tablero con esa media sonrisa de quien ya sabe cómo termina la película. Y Dani, el benjamín, que el año pasado jugaba como si le fuera la vida y este año ha descubierto que, efectivamente, le iba.
El trofeo tiene la estética de los premios de provincias, esa mezcla de acero cortado a láser y mármol de catálogo que tanto gusta a las federaciones, pero hay que reconocerle una cierta dignidad: un rey y un caballo pegados el uno al otro, como dos supervivientes de la misma derrota que han decidido que ya era hora de ganar algo.
Porque el ajedrez, ya lo dijimos, no perdona. Pero a veces, muy de vez en cuando, devuelve lo que te debe. Y esta vez se lo ha devuelto a la Escuela Técnica de Ajedrez, con intereses.
Enhorabuena, muchachos. El oro os sienta todavía mejor que la plata.

