16 oct 2026

Jacobo Caselas, entrenador de la selección española en el Mundial de Jóvenes 2026





Roquetas de Mar, octubre. El tablero frente al mar de plástico.

Roquetas de Mar es el sur de Almería. Allí el Mediterráneo comparte horizonte con otro mar, el de plástico de los invernaderos, que brilla al sol como una superficie metálica y saca de la tierra los tomates que el resto de Europa come en enero. En ese paisaje de luz excesiva y aire con sal se juega estos días el Campeonato del Mundo de Ajedrez por Edades 2026: del 13 al 21 de octubre, más de setecientos niños y adolescentes de todo el mundo inclinados sobre sesenta y cuatro casillas

Entre ellos está Jacobo Caselas, Maestro Internacional, director y entrenador de nuestra escuela. La Federación Española de Ajedrez lo ha vuelto a convocar para el cuerpo técnico de la selección de jóvenes promesas. Que lo llamen otra vez dice algo. Las federaciones, como los buenos restaurantes, repiten con quien no les ha fallado.

Las categorías se recitan como una alineación: Sub-7, Sub-9, Sub-11, Sub-13, Sub-15 y Sub-17, en Open y en femenina. Son edades en las que todavía se pierden dientes y en las que ya se aprende a perder partidas, que duele más y deja menos huella visible. Se juega por sistema suizo a once rondas. El ritmo es de 45 minutos más 30 segundos de incremento por jugada, y varias jornadas tienen doble ronda. Eso significa sentarse por la mañana, levantarse derrotado o eufórico, comer algo y volver por la tarde a pelear contra un desconocido de Kazajistán, de la India o de Perú. Un Mundial así no lo gana el que más sabe. Lo gana el que mejor administra el cansancio, la memoria y el miedo.

Para eso está el entrenador, figura discreta que no aparece en las clasificaciones. Es un oficio de trastienda. Consiste en convertir una derrota en una lección sin que el chaval note que le están dando una lección, y en recordarle que una partida perdida es una partida, no un veredicto sobre su vida. Los entrenadores de ajedrez saben algo que los teóricos de la competición olvidan a menudo: a esas edades se juega con el cerebro, pero se gana o se pierde con el estado de ánimo.

Para la Escuela Técnica de Ajedrez es un orgullo, y no de los que se cuelgan en la pared, que uno de los nuestros forme parte del equipo técnico de la selección. Lo que se aprende en un Mundial no se queda en Almería. Vuelve en la maleta, junto a la acreditación arrugada y alguna camiseta de recuerdo, y acaba en nuestras clases convertido en ejemplos, en posiciones analizadas, en la experiencia de haber visto de cerca cómo juegan los mejores jóvenes del planeta y cómo se equivocan, que también es una forma de aprender.

Desde la Escuela Técnica de Ajedrez felicitamos a Jacobo por esta nueva convocatoria y deseamos mucha suerte a toda la expedición española. Que las aperturas estén frescas, las piernas descansadas y el reloj de su parte. El mar de plástico seguirá ahí cuando todo acabe. Los recuerdos de estos días, buenos o malos, se los llevarán puestos para siempre.

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